La vida de Jordi: “Mi primer San Jordi”

Estaba pensando: “el otro día comenté la semana santa pero no dije nada de la pascua”(vaya fallo jejeje).

Pues nada, en Pascua no hicimos nada fuera de lo normal. Como aún no puedo comer ciertas cosas, me tuve que fastidiar y en lugar de merendar ese bollo que llaman mona, merendé lo de siempre o casi siempre: un plátano.

Era Domingo y hacía bastante mal tiempo, pero no molaba quedarse en casa y además papá ese día no iba al San San (con los tres días ya lo tenía bien), así que decidimos ir a la playa. Más en concreto a la playa del Auir. Mi papá cogió (como hace muchas veces), la cámara de fotos para inmortalizar tan maravilloso momento (¿os habéis dado cuenta que para lo peque que soy, voy usando palabras nuevas cada vez?), y llegó la hora de irnos. Mi abuela me había regalado una monita, pero solo para sacarnos la foto, que luego mi papá se zampó y yo no pude hacer nada. Que le vamos a hacer. Estuvimos solo un ratito, sacando fotos por las dunas, y nos fuimos pronto porque empezó a hace un aire muy frío y parecía que iba a llover. Así transcurrió mi primera pascua. Esperemos que el año que viene si que me pueda zampar la mona, yooooooo.

Y cambiando de tema, este pasado jueves fué mi santo. No sabía que cada día de cada mes tiene un nombre o algo así, y que se celebra. Parece ser que a mí me ha correspondido el 23 de Abril. Antes de nada quería agradecer a Sergio y Pili y a Adriana y Laura que me felicitasen (o eso me dijo papá), y mandarles un besito a cada uno/a de ellos/as. El día transcurrió normal ya que yo no sabía nada. De lo que si que me percaté es de que mis papás estaban más cariñosos de lo normal. Todo el rato me decían: “felicidades cariño”, o “el año que viene te regalaremos un libro” (aunque si me regalasen pañales, seguro que me harían más provecho). Al parecer Jordi era un caballero que mató un dragón, para salvar a una princesa, y creo que por esa valentía es por la que mis papás me pusieron este nombre, que por cierto, me encantan. Con papá estuve poco porque el pobre ya no sabe que hacer para encontrar trabajo y ahora se ha decidido a hacer un curso de cocina, y entre el curso que es toda la mañana y por la tarde que tiene inglés, a penas lo ví. Eso sí, cuando llegó a casa le ofrecí la mejor de las sonrisas que podía hacerle, y se que eso le llegó al corazón, porque siempre le oigo decir: “esa sonrisa es lo mejor del mundo, y me da la vida”. Con quien si estuve todo el día fué con mamá, con la que fuí a ver a los abuelos y a pasear. Que guay. Soy feliz, ¿que más puedo pedir?¿No?.

Bueno corazones (como dice Ana Igatubirru o algo parecido que es muy difícil), os espero a todos/as en la siguiente entrada. Besitooooooooooooooooos.

jordi

La vida de Jordi: “Mis primeras Fallas y Semana Santa”

Bueno queridos/as amigos/as, desde la última vez que escribí me ha pasado alguna que otra cosa, pero no os preocupéis que todas son buenas.

En Marzo, en uno de tantos días que salimos a pasear, me percaté que se oían en la calle explosiones, pero como yo soy muy valiente no le presté atención. A medida que ibamos paseando vi que por las calles había como unas personas que no se movían, ni tan siquiera parpadeaban. Estaban colocadas en una especie de decorados y rodeados por unas vallas. Yo las miraba atentamente, pero no se movía. Miraba a mis papás y miraba a esas personas, repetí la acción varias veces, hasta que mi papá se dió cuenta de que algo raro pasaba. Se agachó hasta el carro (porque es muy alto), y me dijo lo que eran. Eran “ninots de falla”. Según me dijo esos muñecos los fabricaban artistas falleros y que, tras estar expuestos para que la gente los vea durante 4 días,, después los queman. Yo veo una tontería que los quemen porque son muy bonitos, y tienen muchos colores, aunque hay algunos feos que a esos si que los quemaría.
Me seguía intrigando eso de quemarlos, así que volví a insistir a mi papá a ver si me explicaba el porqué de quemarlos. Así lo hizo y averigué que los queman para olvidar malos rollos y empezar de cero porque también dicen que el fuego purifica. No se de que va todo este rollo que me soltó, pero sigo pensando que es una pena que los quemen.

Otra cosa que me llamó la atención fue que las mujeres y los hombres se vestían con una ropa muy rara. Era rara pero a la vez elegante. Mi prima y mi primo se vestían así e incluso mi prima se ponía en el pelo, cerca de las orejas, una especie de ensaimada (como las que come mi papá por la mañana), pero que eran de pelo. Que cosa más rara, que se añadan pelo cuando ellas tienen, no como mi papá. A el se las tendrían que haber pegado con pegamento jajajaja.

Mis papás estaban muy pendientes de mí porque no sabían como reaccionaría ante las explosiones de los petardos. Como os he dicho, yo soy muy valiente y unos petarditos no me van a asustar, aunque he de reconocer, que hay algunos gordos que si me hicieron saltar de susto en algún momento. Yo como soy pequeño no puedo explotarlos, pero tranquilos que cuando crezca jejejejejeje ya verán ya.

Otra de las novedades que desconocía era la Semana Santa. El martes santo, oigo que mi papá le dice a mi mamá: “¿vamos esta noche a ver la procesión de los capuchinos, a ver como reacciona Jordi?”.

Yo no sabía de que hablaban, pero como habían dicho: “..vamos a ver..”, deduje que salíamos a pasear. Lo raro es que era por la noche. Salimos de casa, y durante el trayecto me dí cuenta que pasaban personas vestidas de una manera muy rara y con un bastón en la mano. Mi intriga empezaba a aumentar. Llegamos a la plaza de las Escuelas Pías y allí paramos. Ya habían personas que parecía esperaban algo y niños con bolsas de plástico. Yo seguía sin entender nada. De pronto, oigo: “bum, buuuuuuuuuurrum. Bum, buuuuuurrrum”. Un ruido atronador y empiezo a distinguir una especie de bandera con un dibujo bordado, y tras ella un montón de personas con la cara tapada, bajo un cucurucho. Yo no entendía nada, pero mi papá me dijo que eran cofrades, y que algunos repartían caramelos. ¿Caramelos?¿eso que papá y mamá chupan a veces que parece que está riquísimo?. Mmmm se me hacía la boca agua de pensarlo. Yo en brazos de mamá miraba con cara de interés hasta que se acerca la mano de uno de ellos y me da un caramelo. Con todos los que llevaría en el bolsillo, ¿y me da solo uno?. A los niños que había cerca de mí, les daban a manos llenas. Esto ya no me estaba gustando tanto. La explicación que me dieron es que soy demasiado pequeño para comer caramelos todavía, pero ¿no me los puedo guardar y cuando ya pueda me los como?. Joooooo esto de ser peque no mola mucho, yo quería más caramelos.
Seguimos viendo la procesión y me quedé dormido. Al día siguiente cuando desperté pensaba que todo lo había soñado, pero, no fué así porque ví que en la mesa del comedor estaban los caramelitos que me habían dado.

Habrá que aguantarse y esperar a ser más mayor. Entonces seguro que me dan más caramelos.

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