Un día de mierda

Día 30 de Mayo, 9:00 AM. Me despierto como todos los días llamando a papá y a mamá, dándoles los  buenos días y muchos besitos. La verdad es que tengo muy buen despertar, ya que siempre me despierto con una sonrisa de “sandía”, como dice papá. Después de estar con ellos un ratito en la cama, desayuné un trozo de pan con mermelada de albaricoque. Es raro que me guste esa mermelada porque el albaricoque fruta no me gusta demasiado, pero bueno, hay otras que me encantan.

Tras este momento de felicidad, me lavaron los dientes, y me vistieron muy muy guapo. Ahí empecé a sospechar. Algo tramaban papá y mamá. Es raro que de buena mañana me pongan ropa tan chula.

Papá y mamá empezaron a vestirse también, y ahí se confirmaron mis sospechas. Algo raro pasaba.

9:30 AM. Papá y mamá me dicen que vamos a ver a la pediatra y ella de repente saca algo de la nevera y lo guarda en el bolso. Ahí empecé a sudar porque recordé que cada vez que saca algo de la nevera y vamos a la pediatra, nada bueno pasa.

Salimos de casa en dirección al centro médico. Llegamos puntuales, y mi pediatra me dice: “Hola Jordi, que guapo te han puesto hoy. Pasa y verás que cuños de Rocky y Chase me han traído”. Entonces pensé: “Bufff esto se pone chungo por momentos”. Esto unido a que mamá sacó la cajita de su bolso y se lo dio a la enfermera, confirmó todas mis sospechas: iban a pincharme otra vez.

Recuerdo que hace dos meses me dieron un pinchazo en el brazo, que cada vez que lo pienso aún me duele. Estuve dos días con el brazo recogido como un tal Napoleón (o eso decían papá y mamá).

9:55. Me sientan en la camilla, y me empiezan a agasajar con más cuños, pegatinas, y empiezan a hacerme la pelota. En ese momento quise desaparecer de allí. La enfermera tuvo poco tacto al no esconder la jeringuilla y dejar que la viera. Desde ese momento querían distraer mi atención para que me pudiese pinchar. Estuvieron a punto de conseguirlo pero cuando apenas había acabado de entrar la aguja en mi hombro, me moví, con efectos devastadores para mí. Me hice un corte pequeñito y me salió mucha sangre. En ese momento me sentí como Rambo cuando le roza una bala por el hombro y empieza a sangrar. Aquello se convirtió en un valle de lágrimas y gritos de impotencia. Papá y mamá consiguieron calmarme un poco, pero el daño ya estaba hecho. Pasé todo el día con el brazo en “modo Napoleón”, llorando, con calentura, y sin poder dormir.

Ya por la noche mamá me dio un poco de Apiretal y así me calmó un poco el dolor, y pude dormir toda la noche.

Espero que el lunes, día 5, me compensen en mi cumple por todo lo que he “sufrido” con las dichosas vacunas. ¿Quedarán más?¿Harán el mismo daño?. Se que son necesarias, pero caray con los pinchacitos.

vacunaaaaa

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4 pensamientos en “Un día de mierda

  1. Holaaaa uffff pues si estoy contigo la vacuna es un rollo y se puede tener un día de mierda pero te la has de poner no tienes más remedio ya que estás son para que en un futuro no te pongas malito.Ya veo que la enfermera fue a lo bestia que poco cuidado tienen la verdad ellas van a lo suyo y no miran si realmente te molestará o no pero en fin no te quedaba otra.Bueno esperamos que ya no estés como Napoleón y tengas ya el brazo bien y fuerte para poder dar guantas como panes a todo aquel que se meta contigo.Un besito para Mami y para ti y Papi un pedazo abrazoooo.😘😘

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